Abusos, control y vulneraciones

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2015 había en España 424.423 personas afiliadas a este Régimen, sobre un total de 614.200 ocupadas, de las cuales el 90% son mujeres, que aún cuando su situación esté regularizada, en ningún caso tienen derecho a la prestación por desempleo.

Hay muchas condiciones que agravan la vulnerabilidad de las trabajadoras de hogar: el trabajo en un ámbito privado, normalmente sola, sin conocimientos de sus derechos y dependiendo de la voluntad de la parte empleadora para obtener un contrato escrito. Esta situación da paso a otros tipos de abuso y control sobre la trabajadora.

 

La imagen infravalorada de las trabajadoras de hogar y de cuidados no es nueva. Tiene detrás toda una historia de desigualdades con profundas consecuencias materiales y simbólicas en las vidas y cuerpos de las mujeres. El lugar socialmente asignado a estos trabajos guarda relación con las ideas histórica y culturalmente construidas en torno a él y a quiénes lo realizan o han realizado casi desde siempre.
¿Sería otro el reconocimiento de este trabajo si otras personas los realizaran? ¿Cierta permisividad en las condiciones laborales y de Seguridad Social pueden deberse al género, el estatus y/o la clase social de las personas trabajadoras de este sector?
La imagen de “chica para todo” esconde prácticas abusivas que se naturalizan bajo la concepción de que las trabajadoras de hogar y de cuidados se encuentran en una posición social inferior, condicionada y con escaso margen de reacción/defensa.
Obediencia, dependencia y prestigio desigual son factores que permiten la dominación entre personas y grupos. El empleo de hogar y de cuidados no está exento de ellos.
Vivimos en un sistema patriarcal-neoliberal-racista-clasista… en el que ser mujer, empobrecida, con cargas familiares, separada, cabeza de familia, migrada, sin papeles, racializada, con pocas redes, son algunas de las opresiones múltiples que se combinan configurando la situación vital-estructural de las empleadas de este sector.

El abuso de poder y las violencias transistémicas, lejos de ser hechos aislados, son situaciones más comunes y frecuentes de lo que se suele pensar. Nos encontramos con un escenario injusto, plagado de asimetrías y sumisiones que exponen a las trabajadoras a circuitos machistas, racistas y clasistas de agresión, acoso y maltrato.

Acoso, agresiones y abusos sexuales

El abuso sexual es una de las expresiones de violencia machista más extrema, antes del asesinato y/o el feminicidio. La violencia tiene ciclos y, hasta llegar a cierto lugar, se pasa por diferentes estadios que, en ocasiones, no siempre detectamos. Maltrato y degradación simbólica, micromachismos y agresiones verbales suelen ir en aumento hasta llegar a la coacción, a la agresión física y al abuso y/o la violación sexual.
Para las trabajadoras de hogar y de cuidados esta es una realidad frecuente. Las entrevistadas, lejos de sorprenderse o evadir este tema, demuestran conocimiento sobre estas realidades. Conocen situaciones que han vivido en primera persona y/o por otras compañeras.

"En muchas ocasiones la vulneración de los derechos de las trabajadoras de hogar no se percibe como tal. Se intenta minimizar el grado de abuso y control porque no se tiene otra opción ante el hecho de que si dejamos ese trabajo o nos despiden, nos perjudica al momento de realizar trámites tan importantes para nosotras como la regularización administrativa y con ello a las prestaciones sociales y económicas a las que tenemos derechos."
TND
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Qué hacer y donde acudir

  • Este contenido está extraído del libro Trabajadoras no domesticadas, donde se incluyó como «Abusos de poder y Violencia(s)» en este estudio para aportar en el urgente proceso de visibilizar y desnaturalizar todas estas cuestiones, y contribuir a que se desarrollen recursos sociales, públicos y/o estatales que den cobertura y respaldo a las trabajadoras de hogar que vivencian estas situaciones, para difundir información y generar mecanismos para prevenirlas y sancionarlas.

Medidas para enfrentar las distintas vulneraciones a los derechos que enfrentamos las trabajadoras de hogar y cuidados.

Cómo reunir pruebas del acoso

Probar el acoso en algunos casos como el ciberacoso puede resultar complicado si la persona que lo realiza no deja rastro. Sin embargo, es importante guardar o tener en cuenta todo aquello que pueda servir después en una posible denuncia para demostrar la existencia de acoso, por ejemplo:

  • Es muy conveniente grabar audios o incluso videos con el teléfono móvil, de esas situaciones de hostigamiento e intimidación.
  • Mensajes en aplicaciones de mensajería instantánea.
  • Testigos. Por ejemplo, aunque generalmente estas situaciones se dan en el ámbito de la privacidad de los hogares, donde la mujer está en una situación de desventaja, también suele ocurrir en lugares públicos.
«Con vos» es el nombre del servicio de atención presencial, telefónico (900 82 88 90) o por correo electrónico (convos@sortzen.org) al que las mujeres pueden acudir para pedir información o compartir las situaciones de acoso sexual que viven.
Se les ofrecerá escucha, asesoría, acompañamiento, actividades informativas y educativas así como atención psicológica. 
En la actualidad el mismo se encuentra gestionado por  Mujeres con Voz  y la consultoría especializada en violencia de género Sortzen, con el apoyo de la Dirección de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género y el Fondo de Mujeres Calala.
Este servicio nace como respuesta a una necesidad detectada durante la realización de la investigación realizada por Sortzen “Agresiones Sexuales: cómo se viven, cómo se entienden y cómo se atienden” (Gobierno Vasco, 2011).
Argitan.
Si nos vemos expuestas a situaciones de violencia, debemos tomar en cuenta estos requisitos para obtener justicia gratuita y acceder a prestaciones sociales.
TND
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